martes, 2 de octubre de 2012

Casi un año que no estas Abuelo..

Parece mentira, hace casi un año que te has ido de nuestras vidas. Que sepas que aunque no estés aquí de cuerpo presente, se que estas con nosotros, se que un pedazo de ti se ha quedado aquí, conmigo, cuidandome y protegiendome.

Entre lagrimas y recuerdos escribo esto. Te echo muchísimo de menos abuelo. Para mi tu has sido como mi segundo padre, eras, eres y serás el mejor abuelo del mundo. Ojala pudieras estar aquí, a mi lado, diciendo uno de los muchos chistes que me contabas, sacandome de quicio. En ese momento me enfadaba pero sabias como sacarme las mis mejores sonrisas.

No se me olvidará en la vida el día en el que te fuiste. Serían las 8 de la mañana, el teléfono sonó, mi madre lo cogió y empezó a llorar y a gritar.. Me levanté deprisa y con solo mirar a mi madre lo supe todo, no quería asimilarlo, quería pensar que no era así, que no te habías ido. Entonces, regresé a mi habitación y cogí la foto que tenia puesta encima de mi cama; me tumbé en mi cama y abracé la foto muy fuerte, en ese momento rompí a llorar. Minutos más tarde le dije a mi madre que yo quería subir a su casa, a despedirme de él, a decirle lo mucho que le quería. Cuando llegué a su casa, me quedé mirando el salón, no se porque pero no me parecía el mismo, todo parecía raro y diferente.. Entonces volví a oír a mi madre llorar y me acerqué a ver que pasaba. Seguía sin poder creerme lo que estaba pasando. Miré hacía su cama y le vi, parecía dormidito pero no era así, rompí de nuevo a llorar y me caí al suelo. No podía creerme lo que estaba viendo, mi abuelo, había muerto. Pasaron unas horas y me senté en una silla que habían colocado a su lado. Al principio me daba coraje pero tenia muchas ganas de cogerle la manita y tocarle su carita rechonhita. Se acercó a mí mi abuela y me dijo que lo hiciera, que no tuviera miedo, que aunque estuviera "dormidito" seguía siendo mi abuelo, el que tanto me quería. Me armé de valor y le toqué su manita, estaba muy fría, me dio un vuelco al corazón y empezó a palpitar muy rápido. Cada vez se inchaba más, no me quería separar de él pero tuve que hacerlo, no paraba de llorar. No paraba de mirarle, era muy raro estar a su lado y que él no me dijera nada. Me levanté y me quedé junto al marco de la puerta. Desde ese momento tengo como una pequeña laguna, recuerdo que vino mi prima Cristina, mi tío Mariano y mi tía Wilma y poco más. Aquella imagen de él no se me quitaba de la cabeza, tenia los ojos inchados y no podía dejar de llorar. Era la primera vez que había visto a alguien en ese estado, me resultó muy difícil y más siendo él. Cuando lo llevaron al Tanatorio se me hizo aun más duro, ya había estado allí más de una vez, y no quería volver a repetir semejante experiencia pero por narices tuve que hacerlo.

Vinieron casi todos, mi tío Paco, el cual me hizo muchísima ilusión verle porque era el hermano de mi abuelo y se parecía mucho a él, con él vino mi tía Lola y sus dos hijos. Vinieron un montón de personas que quisieron dar el último adiós a la persona más maravillosa del mundo. En esos momentos me sentía muy sola y bueno, aun sigo sin saber como se enteraron los padres y madres de mis compañeras de fútbol, me hizo muchísima ilusión verles, eso me hizo que por un momento dejase de pensar en lo que había pasado. Celia, una de mis compañeras de fútbol vino a apoyarme y, la verdad es que fue un gran apoyo.

Días después de todo lo sucedido, mi madre me contó que sintió como miedo cuando se quedó allí. Me dijo que tenia frío y que se giró hacia el otro lado, justamente donde daba su ventanita y dejó de sentir frío. Sonreí y la dije que era cierto lo que dije, él tanto aquí de cuerpo presente como no nos iba a cuidar y así ha sido hasta el día de hoy.

Al día siguiente de llevarle al Tanatorio nos fuimos al pueblo, sin darme cuenta había pasado ya un día sin él. Yo fui la que decidió que le enterrasen allí, pensé que él lo hubiera querido así ya que Patrana era donde él había nacido y él siempre quería estar allí. Cuando llegamos allí había mucha gente en la iglesia, allí me esperaba mi amiga Sandra, la cual me ayudo muchísimo. Esperamos al coche funerario sentadas en un monumento pequeño que había fuera de la iglesia. Me abrazó y me dijo que ella estaría ahí para lo que quisiese y así ha sido, y por ello le tengo que dar las gracias, gracias a ella sonreí en uno de los peores momentos de mi vida. Llegado allí el coche, me quedé mirandolo y me pregunté si todo aquello era verdad, me parecía todo una pesadilla que no acababa. Entré la última a la iglesia y me quedé atrás, mirando su cajita. Seguía sin poder creermelo, él no podía estar ahí !. Dentro de mí sentía rabia, tristeza y vacío, son las peores sensaciones que alguien puede sentir. Mi tío Mariano se subió al altar de la iglesia y empezó a decir todo lo que había sido para nosotros mi abuelo. Subimos al Cementerio y allí me derrumbé del todo. Iban a enterrarlo para siempre. No quería ni mirar, me dí la vuelta y detrás de mi estaba Fran, mi primo. Él fue mi gran apoyo en esos momentos, me abrazó fuerte y me dijo que no llorase más. Debo de darle las gracias por eso y por muchas más cosas que ha hecho por mi. Ahí acabó todo y a la vez empezó todo. Acabo el dolor de verle sufrir, acabó su vida, acabaron sus chistes, sus sonrisas, TODO y justamente ahí empezó nuestro sufrimiento, el sufrimento de haberle visto marchar y no haber podido hacer nada para impedirlo, empezaron las añoranzas, los llantos y los recuerdos. Mi abuelo nos había dejado para siempre. HASTA SIEMPRE ABUELO.


01-11-2011 TE QUEREMOS Y TE ECHAREMOS DE MENOS.